
La tradición nos indica que concretamente el 3 de mayo de 1232 en el castillo-alcázar de Caravaca el rey moro Muley Al-buceil obligó a oficiar misa a un sacerdote cuyo nombre era Ginés Pérez de Chirinos El rey moro deseaba conocer, por curiosidad, qué misterio ocultaba el rito de la misa. La leyenda cuenta que el sacerdote no podía articular palabra porque le faltaba la cruz que, en ese momento, se materializó. Otras versiones indican que la cruz fue transportada por ángeles.
La cruz de Caravaca se considera que cura las anginas, el dolor de muelas y las contusiones, Además, permite liberarse de los enemigos y protege de influencias negativas a su portador.
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